Testimonios 3ª Luz en la Noche (III)

por obradoiros
En la tercera Una Luz En La Noche en Pontevedra tuve la oportunidad
de estar en el ministerio de intercesión. Puede parecer un ministerio
tranquilo o aburrido, pero a mí me parece fundamental, ya que como dice
el Papa Francisco, la evangelización se hace de rodillas, o por lo menos
debería partir de una relación con Dios en la oración. Y precisamente,
el estar de rodillas en esa noche me abrió las puertas para dar
testimonio. No solo estás dentro de la iglesia rezando por los que te
han sido encomendados, sino que también con tu presencia silenciosa y
con la manera en que oras, influyes a los que entran esa noche en la
iglesia.
Es inevitable el cansancio durante las dos horas que estás rezando,
pero merece la pena en cuanto ves que entra alguien en la iglesia.
Empiezas a pedir por los centinelas que te encomiendan, luego por los
que acogen, por los que van entrando, por los que están en la calle y
son parados, al final estás orando por todos. Al haber pasado por los
otros dos ministerios tenía una perspectiva de todos los miedos que
tienen por un lado los que acogen y por otro los que están en la calle y
me ayudó a orientar mis oraciones.
La anécdota de esa noche, es el grupo de
adolescentes un poco perjudicados que entraron en la iglesia. Al ver
tantos jóvenes de golpe, los intercesores caímos todos de rodillas
conscientes de que era necesario orar aun más. Y fue en ese momento en
el que entendí la importancia de los gestos. Se acercó uno de los
jóvenes al banco donde estaba rezando y me preguntó qué hacía de
rodillas. Eso sólo fue el principio de una conversación en la que le
expliqué que estábamos en presencia de Dios, le conté lo que me había
pasado en la primera Luz En La Noche y le expliqué como había acabado yo
en un banco rezando esa noche. Cierto es que el chaval venía con ánimo
de vacilar, y al final se encontró con que yo le estaba hablando de
Jesús. Pude ver como Jose, que así se llamaba el chico, hacía el
recorrido de forma apresurada y se iba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando
ya cerrada la iglesia y haciendo con mis centinelas el recorrido, vi a
Jose con David, que era intercesor, acercarse al altar a estar en
silencio. Luego al hablar con David, me contó que había entrado a rezar
en silencio y a pedir perdón por su actitud y la de sus amigos.
Parecía una noche tranquila y sin embargo acabé
dando testimonio de la forma más insospechada. Lo que me recuerda que da
igual el ministerio que estés desempeñando, lo importante es siempre
dar testimonio de Jesús con tu ejemplo.
Icíar Camuñas

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