Peregrinación a Fátima 2013

por obradoiros
Javi Aguado, 22 años, Santiago de Compostela
Esta fue la primera vez que fui a la peregrinación de Fátima. Realmente, ni siquiera sabía que existía hasta poco antes de que tuviera lugar. Cuando me avisaron, no hice mucho caso, pero el último día para apuntarse, un sacerdote –Javi García- me lo propuso personalmente, y pese a las dudas por lo que sería, acabé animándome. ¡Y no me he arrepentido!
Nunca había estado en ningún lugar de peregrinación mariano, y tenía ganas de ver en qué consistía. No tenía ningún motivo o intención especial, sí rezar mucho por familiares, amigos, por mí, y quizás, descubrir qué había allí para mí.
Y lo que encontré me sorprendió. Un montón de jóvenes alegres, que se lo pasaban bien “a pesar” de tener a Dios y a la Virgen ¡en el centro de su vida! (cosa que no se suele ver demasiado en el día a día). Esto siempre es motivo de gozo y felicidad, el saber que mucha gente vive como uno quiere vivir (cerca de Dios), y es una “inyección” de fuerzas para intentar seguir viviendo así. Uno vuelve queriendo más al Señor y a la Virgen.
Cada jornada en Fátima era intensa, pero llena de alegría, con una sonrisa desde la mañana hasta la noche (y aunque no está del todo confirmado, yo creo que todos nos dormíamos con esa sonrisa). El madrugar, el sueño, el caminar, el frío, la lluvia… no eran motivos para el desaliento, sino que eran parte de la “aventura” de conocer a la Virgen. Las charlas –todas interesantes- de los sacerdotes, los grupos de reflexión, la Eucaristía, el rezo del Rosario, el Via Crucis tan precioso, las visitas –en nuestro querido “Fatibus”- a los lugares más bonitos e importantes de Fátima… eran lo que ocupaba nuestro día, que parecía estirarse para que nos diera tiempo a realizar todas estas cosas, y que aún nos sobrase para pasárnoslo bien con la gente nueva que conocíamos (y a los que muchos cogimos gran cariño), para bailar y cantar en unas veladas llenas de risas y fiesta.
Los momentos de oración delante de la Virgen en la Capelinha eran especiales. Como aquella vigilia que se nos hizo corta pese a las horas y el frío ¡Cuántas cosas le dijimos a nuestra Madre! Alguna visita a la capilla del Santísimo hacía que el día fuera redondo, completo totalmente. ¡No hacía falta nada más!
Ahora, unos días después de haber acabado la peregrinación, vamos recordando momentos de todo lo vivido, que nos animan a seguir viviendo en nuestro día a día como allí lo hacíamos. Algo nos ha cambiado esta peregrinación, y tarde o temprano todos lo veremos. Y es que algunos, pese a tener dudas de ir o no, ¡ya estamos deseando volver!
Marta Lorenzo Arenas, 20 años, Vigo
Hace sólo unos días participé en la peregrinación que organiza JRC a Fátima todos los años.
La verdad que cuando me apunte no me apetecía mucho ir. Estos planes siempre me dan pereza. Decidí ir igualmente, porque al final siempre vuelvo encantada y sabiendo que ha merecido la pena.Y esta vez no fue distinto. ¡¡Fue una experiencia preciosa!!
Una peregrinación que me ayudo mucho
En estos días en Fátima creció mi amor por la Virgen. Yo siempre había relacionado mi fe con Jesús, y a María la tenía un poco de lado. En esta peregrinación, María se fue metiendo poco a poco en mi corazón.
La verdad que sólo puedo dar gracias
He conocido a gente increíble, sacerdotes entregados y personas con las que pude hablar de mis cosas más íntimas sin conocerlas a penas de nada… y es que cuando Jesús está en medio todo es tan distinto. 
Me encantó el ambiente de alegría que se vivía allí. Y en los jóvenes que participaban pude ver lo que se decía de los primeros cristianos: “Mirad como se aman”.
Fue una experiencia que me ayudo para aumentar mi fe. 
Ahora que he visto lo grande y plena que puede ser la vida…¡¡no puedo conformarme con menos!! Dios sólo quiere hacernos felices de VERDAD. Doy muchas gracias a María por estos días y ánimo a todos a ir el año que viene. Esta peregrinación sólo puede hacer bien.
Ana Vázquez, 21 años, Portosín
Esta fue mi tercera vez que voy a Fátima aunque la primera que voy en peregrinación. Estaba en dudas si ir o no, ya que la fecha coincidía con carnavales, pero bueno, al final me animé a ir a Fátima, ya que los carnavales los podía disfrutar otros años y a Fátima es más difícil que puedas volver, sobre todo en peregrinación.
El primer día me sentí descolocada en plan: ¿qué es esto? ¡¡cantando canciones de niños con un grupo donde solo conocía a una persona!!… Poco a poco fuimos acercándonos y llevándonos genial incluso el último día hasta acabamos llorando…
El mejor día fue el segundo, sin dudarlo una experiencia inolvidable ya que después de andar durante varias horas para ver a la Virgen, llegamos como si nada, sin ningún cansancio, todo el mundo cantando y deseando verla. Tan pronto como entramos en la explanada se vía de fondo a la Virgen y ya se notaba un aire nuevo, algo diferente, algo especial, ¡¡y ese camino hecho por tantas familias con sus niños!! era todo impresionante como bien se dijo en el video de presentación: “Fátima es tocar el cielo en la tierra”. Cuando llegué a la Capelinha me arrodillé y ¡sentí algo por dentro! algo que me hizo saber que era ahí donde debía estar.
No sabría decir con qué momento quedarme hay demasiados, el ofrecimiento de los niños con los curas, la obra del pecado, los testimonios de algunas personas. ¡Fátima es única! Simplemente los que puedan ir que vallan y que lo vivan ellos mismos ya que no se arrepentirán.

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1 comentario

Anónimo 27/02/2013 - 13:29

Que pasada de testimonios…el año que viene podría ir?
Un abrazo desde as Rías Baixas
JMG

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