
La Catedral acostumbrada al silencio y a la solemnidad, donde la gente suele tener bastantes caras serias, -según les comentó D. Julián a los niños en la homilía- se convirtió en un lugar de celebración alegre y entusiasta. La casa del Apóstol Santiago, el amigo de Jesús, se llenó de más amigos que vivieron el encuentro como una auténtica fiesta donde celebraban su fe.
Toda la liturgia fue animada con la música de los jóvenes que, voluntariamente, trabajaron toda la jornada en los talleres y actividades. También prepararon los cantos de la misa con guitarras, bajos y batería.
Un día, por tanto, de ilusión y de encuentro para reavivar la fe de toda la Iglesia diocesana.