Curso de formación para ser voluntario en la Acogida Cristiana del Camino

por obradoiros


 
Del 9 al 11 de noviembre

Monasterio de MM. Benedictinas
de Santa María de Carbajal – León

Infórmate:

Para inscribirse:
 
 
 
El Camino de Santiago
¿Qué has descubierto en él? ¿Ha enriquecido tu vida?
 
Si has descubierto la presencia del Señor, su compañía, sus gestos al compás de los gestos de tantas manos amigas. Si crees que esa presencia es el mejor regalo, y que merece la pena gastar algo de tu tiempo para que otros lo descubran… Si es así, ACC cuenta contigo.

Si tienes un sentido cristiano de la peregrinación; si el Camino te ha hecho revivir y fortalecer tu fe; si la experiencia te ha ayudado a ver a Cristo en cada peregrino herido o cansado; si piensas que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida; si quieres ayudarnos a mantener el sentido cristiano de la peregrinación a Compostela… Si es así, ACC cuenta contigo.

Si estás seguro de que todo ser humano anhela en el fondo de su corazón encontrarse explícitamente con Cristo, ya que sólo Él es capaz de saciar la sed y el cansancio del corazón, sólo Él es “fuente de agua viva” y “luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”… Si es así, ACC cuenta contigo.
ACC – Acogida Cristiana en el Camino
Una parte fundamental de la ACC es la participación de los voluntarios. Ellos hacen visible el rostro de la Iglesia y el propio rostro de Cristo, anfitrión y consuelo de los que peregrinan.

La preparación de los voluntarios se inicia con un encuentro, donde puedes reflexionar sobre cómo has sido atendido en el Camino y cómo te gustaría haberlo sido; puedes sugerir, aprender, conocer la experiencia de otros.
Los hospitaleros
Su tarea tiene un componente material: tener dispuestos los albergues, organizar el alojamiento, atender los problemas de los peregrinos, en ocasiones preparar la cena o el desayuno…
 
Pero sobre todo tiene un componente espiritual, manifestado en su disponibilidad y su amabilidad, su capacidad de escucha, sus palabras de ánimo, su alegría y su paz. Saben preparar un momento de oración, bendicen la mesa, ofrecen la Palabra de Dios. No tienen complejos a la hora de ser testigos y misioneros de Aquel a quien han conocido en el Camino, están dispuestos a dar siempre razón de su esperanza (1 Pe 3,15).
 
Para mantener esta identidad se necesitan hospitaleros dispuestos a declarar su fe, a “dar razón de su esperanza”, y a transmitir su alegría a quienes llegan cansados del Camino. A hacer su oficio de hospitalero de forma competente pero también testimonial. Y es lógico: la Iglesia puede hacer muchas cosas, atender muchas necesidades, pero al final existe para evangelizar: “Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a toda criatura”.
 

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