II Testimonio Una luz en la noche – Pontevedra

por Laura
La tarde del 16 de junio salí del autobús
con una sensación muy extraña en mí. No eran nervios, ni miedo, tampoco se
trataba de alegría o unas ganas locas por lo que iba a hacer. A medida que
caminaba hacia el lugar donde se nos había citado a los centinelas, no dejaba de
preguntarme por qué narices me había empeñado en ir, pues sabía que, a pesar de
primeramente verme motivada a
llevar a otros a quien realmente es el único
sentido de mi día a día
(es decir, Jesús), físicamente no podía hacerlo, debido
a la afonía que arrastraba de días anteriores. Sentía cierta impotencia, pues sabía
que aquella labor ya no sería la misma, pero decidí dejarme sorprender por
Dios, y tener esto claro fue lo que me hizo no dar marcha atrás. 

Después de la
merienda tuvimos una primera oración juntos, en la que
sentí muy cerca al
Espíritu Santo
, dispuesto a hacer cambiar en mí aquello que yo no podía y
mostrándome que es en la debilidad (la de la “enfermedad” más
concretamente) dónde Él me hace fuerte.

La formación, los talleres y la cena no
se pasaron rápidos, pero mi mente iba muy adelantada, y no dejaba de pensar en
cómo nos sorprendería Dios esa noche, en cómo responderían los llamados por
Jesús y cómo respondería yo a lo que Él me tuviese preparado en aquella noche, casi de verano, con las calles de Pontevedra repletas de gente. 



Antes de
comenzar todo aquello hicimos también una oración, de la que tengo que decir
que me encantó el poder orar unidos unos por los otros, para que Dios actuase
en nosotros, que fortaleciese a todos en nuestras debilidades, miedos e
inseguridades, pues todos las tenemos. Cuando repartieron los ministerios no me
extrañó que me tocase intercesión, pues era lo más humanamente normal, pero sí
me sorprendió cómo avanzó la noche y la respuesta de cada uno: nunca había
visto tanta gente entrar en la Iglesia y responder a una “simple” invitación
de aquella manera!!

Mi oración continua de esas horas eran dos palabras:
Gracias Jesús. A pesar de no comprender muchas otras cosas me sentía muy
agradecida de poder haber visto esos primeros frutos y de poder haber dedicado
mi tiempo a Jesús. Después de eso, todo fue muy rápido y sin más pensarlo ya me
encontraba en mi cama meditando todo aquello. Y es que tengo que decir que lo
que me ha enseñado el pasado sábado “Una Luz en la Noche” es que
no
importa cómo vayas sino como vuelves
, y sobre todo, no importa cómo te sientas
tú sino todo lo que puedes hacer sentir cuando te dejas sorprender por Dios.

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