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El Palancar, Pascua del 2007

Ante a insistencia do noso Delegado de Pastoral Xuvenil, case non me quedou outra saída que enviar esta vivencia pascual á páxina de pastoral para a sección de testemuñas. Tedes que perdoar que vaia en castelán pero é que foi feita para toda esa “Buenagente” coa que tiven a sorte de celebrar esta Pascua e o do noso idioma en Estremadura e Andalucía…“va a ser que no”.
Lo mejor que le puede suceder a alguien que se adentra en un desierto… es encontrar un oasis en el que poder reponer fuerzas y descansar, para continuar más tarde con su viaje, que no es otro que un viaje hacia el interior, hacia lo profundo. Esto ha sido, más o menos, lo que me ha sucedido a mí en esta Pascua; en éste mi desierto.
Escuchar en el silencio nunca ha sido fácil, al menos para mí, y mucho menos cuando estás rodeado de ruidos ensordecedores que tú mismo ayudas a sostener y que te desvían y distraen de lo que verdaderamente deberías escuchar o al menos intentar escuchar, que no es otra cosa que la voz de un Padre que te dice que te quiere, y punto. Y mientras bebes del agua que refresca tu boca un soplo de viento refresca tu alma, el sol calienta de una forma especial muy diferente a como lo hacía antes… y es entonces cuando uno puede cerrar los ojos tranquilo, respirar hondo, reclinarse y escuchar.
Y piensas, ¿a qué vienen las prisas cuando cuento con todo el tiempo del mundo? ¿Por qué me costará tanto hacer un hueco en mi tiempo para el silencio? Silencio al que temo, del que huyo constantemente y que aunque parezca paradójico está lleno de palabras y mensajes que solamente pueden tener su origen en el Amor de un Padre que te quiere y además mucho.
Encontré el lugar perfecto, se me respondieron interrogantes que ni buscaba resolver en ese momento, parecía que todo estaba preparado para mí. Como si la persona que lo hubiese elaborado, cuya identidad desconozco, estuviese pensando en mí en ese justo momento; las reflexiones, los textos bíblicos… ¡IMPRESIONANTE! Comprendí entonces de lo que me habían estado hablando la tarde del Viernes Santo: la necesidad de dejar hablar a Dios, de escuchar lo que Él nos tiene que decir, eso de preguntarle a Dios qué debo hacer, eso de poner mi vida en sus manos y abandonarme en sus brazos, pero con todas sus consecuencias.
A pesar de no tener nada claro que pudiese llegar a escuchar respuesta alguna lo intenté, yo que no sabía ni por dónde empezar para llevar a cabo esta dura tarea, me vi desbordada de respuestas, cuyas preguntas no fui consciente ni de formular. Y es que cada día, y sobre todo cuando menos nos lo esperamos, Dios nos sorprende con gratas y pequeñas alegrías que dan a nuestra vida fuerzas para seguir adelante, a pesar de no tener muy claro si vamos en la dirección correcta y con la tranquilidad que da saber que tampoco pasa nada si hay que dar unas cuantas veces vuelta hacia atrás; lo importante del camino no es el trayecto sino que nos lleve hacia Él.
Creo, mejor dicho, afirmo que este ha sido mi desierto porque lo he saboreado en su transcurso y no he tenido que esperar unos días.
Por todo esto, yo personalmente de esta Pascua me quedaría con lo siguiente:
– Las cosas no son desde la distancia sino desde la implicación.
– La felicidad es algo para lo que hay que darse tiempo.
– Abrazar la Cruz puede implicar liberarla de tu carga.
– Lo pasado ya no está.
– Abandonarse en las manos de Dios debería ser mi meta.
Creo que no es poco para una Pascua. Bicos e apertas.
Raquel

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