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AHÍ VAMOS, 14

Santiago, 9 de junio de 2007
Hay una canción de “éxito” cuyo estribillo dice algo así como… “ponte el cinturón, protege tu vida, tu seguridad, es muy importante”. Y no es por vanagloriarme, pero yo siempre uso el cinturón de seguridad, y en general suelo ser bastante prudente.
Todo esto viene a cuento porque acabo de tener un accidente tremendo, ayer viernes por la noche, regresando de A Coruña, por la autopista. La verdad es que estaba cansado. A las ocho de la mañana ya estaba en carretera hacia el colegio Cristo Rey de Oleiros y después de toda la semana de trabajo uno va acumulando cansancio.
Como me estaba entrando el sueño, paré en el área de servicio de Órdenes, para despejarme un poco y luego continué. Me faltaban dos kilómetros para la salida norte de Santiago cuando me quedé dormido. Me desperté cuando el coche invadió el arcén y ahí perdí completamente el control: bandazo a la izquierda, nuevamente a la derecha y por último me tragué el quitamiedos de la izquierda, justo debajo del puente de la autovía al aeropuerto, pasando a dos escasos metros de los tremendos pilares de hormigón que lo sostienen. Una vez en la mediana verde seguí a toda velocidad dando tumbos hasta que el coche se detuvo a unos seis metros de uno de los postes que sostienen el enorme panel luminoso del kilómetro 66 de la autopista, justo antes de entrar en Santiago.
Desde que desperté de la cabezada, con el coche ya sin control, fui totalmente consciente que aquello podía acabar muy mal. Me parecía increíble: no podía dominar el coche y la cosa iba a peor. En ningún momento visualicé toda mi vida en un segundo ni tampoco llegué a ver un túnel con una luz cegadora al fondo. Lo que sí sentí fue una protección muy especial de Dios. Ningún airbag de serie saltó pero era como si fuera totalmente acolchado por ángeles. No llevé ningún golpe en la cabeza, ni contra los cristales, ni el cinturón me hizo daño… Alguno pensará, leyendo esto, que tengo lesionadas las neuronas, pero la verdad es que me sentí tan protegido por Dios… A ver cómo lo digo: era como si Dios me quisiera decir, o eso entendí yo, que todavía no era mi hora; que quería seguir contando conmigo, como si aún tuviera algo pendiente que me quisiera encomendar. Y todo esto lo entendí claramente en décimas de segundo mientras el coche de detenía.
Yo estaba realmente asombrado de que no me pasara nada, de que no me doliera nada; tampoco me preocupaba el coche. Sólo tenía una enorme sensación de paz y plenitud. Notaba la presencia de Dios con una fuerza extraordinaria, animándome a comenzar a vivir, como si naciera de nuevo, como si me diera una segunda oportunidad…
La verdad es que estaba genial, tranquilo y sorprendido. Todavía tardé un rato en llamar al seguro y a la policía. Y allí estaba yo, sentado en mi coche, en la mediana verde de la autopista, casi oculto por los quitamiedos, y a seis metros de un poste enorme que sostenía un cartel intermitente que parpadeaba: “nin unha pinga de alcohol ó volante”.
Al poco rato llegó el servicio de asistencia de la autopista, la Guardia Civil y el de la grúa. Por supuesto que me hicieron soplar y nada, “nin unha pinga de alcohol”. Yo seguía como en una nube y todos ellos estaban asombrados de que no me pasara nada. Al final tuvieron que sacar el coche al día siguiente. Es curioso, pero ni entonces ni ahora me da miedo pensar en mi muerte.
Durante este sábado seguí con las actividades programadas: durante la mañana, en S. Martín Pinario, última sesión del Curso de Música; reunión con los responsables de URCA para preparar el XV aniversario que se celebrará en septiembre, Eucaristía, encuentro con los voluntarios que participaron en la peregrinación a Lourdes… Durante la clausura del Curso de Música, Bea y Rafa, con Pablo en la percusión, interpretaron la archiconocida “Color esperanza” y fue un momento muy, muy especial:
“Sé que estás cansado de andar y de andar…
sé que las ventanas se pueden abrir,
cambiar el aire depende de ti…
SABER QUE SE PUEDE,
QUERER QUE SE PUEDA
QUITARSE LOS MIEDOS, SACARLOS AFUERA…
Sé que lo imposible se puede lograr,
que la tristeza algún día se irá y así será,
la vida cambia y cambiará…
Sentirás que el alma vuela…”
Más de cincuenta personas cantando me estaban ayudando, quizás sin saberlo, a orar. Tras nueve años de trabajo pastoral como sacerdote uno se cansa, pero el Señor es paciente y comprensivo. Jesucristo me quiere dar una nueva oportunidad, abrir ventanas y renovar el aire en mi vida, y con la ayuda de Dios es posible. Es tan fuerte la apuesta de Dios en mi vida que con Él desaparecen los miedos y preocupaciones.
Aunque uno desea vivir totalmente entregado a Dios, de manera radical y coherente, mi pecado y debilidad son tozudos. Pero ahora lo imposible se puede lograr; con la fuerza del Espíritu la tristeza desaparece, y uno se siente como levantado y llevado por Dios. Se me da una nueva oportunidad. Mi existencia no es mía; el tiempo y los años de vida no los podemos estirar. Todo esto lo sabemos pero hoy experimento que vivo por pura gratuidad de Dios, que quiere seguir “necesitándome”.
Escribo todo esto por que quiero resaltar y compartir este momento espiritualmente tan fuerte y denso que estoy disfrutando. Me alegro de cada persona con la que me he cruzado en mi vida. Le doy gracias a Dios por todos los jóvenes y “dinosaurios” que conozco. También me duele todo el daño que haya podido causar a tantas personas, así como el bien que he dejado de hacer a los que me rodean. Gracias por vuestra oración. Cada uno y cada una, laicos y laicas, sois un regalo y una caricia de Dios para mí.

Y como necesitamos aprovechar el momento presente y construir el Reino AHORA, y como “la mies es mucha y los obreros pocos”… pues lo dicho: que es urgente vivir la vida en plenitud. Te animo a una nueva locura: el CAMPAMENTO– CONVIVENCIA DE FORMACIÓN que tendremos en el Monte do Gozo, del lunes 9 al sábado 14 de julio, para conocer en la práctica qué es el Movimiento de Jóvenes de Acción Católica.

¡AHÍ VAMOS! Vivir sin un ideal no vale la pena, y sólo hay un ideal por el que valga la pena vivir: CRISTO. Vivir y gastarse por Cristo, renovar su Iglesia y dejarse enrolar con otros locos por el Señor para recorrer nuevos e inexplorados mares. ¡Este partido lo vamos a ganar! Comienza la segunda parte. Vamos a remontar y a ganar por goleada. ¿Te animas a ser titular o prefieres seguir chupando banquillo? ¡LAICOS Y LAICAS, el Señor os necesita! ¡JOVEN, la Iglesia cuenta contigo! Nos vemos en julio en el Monte do Gozo.

Unidos en el Señor
Javi Porro

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4 comentarios

Anónimo 15/06/2007 - 19:33

Para Javi P.

Como no tienes mail (que yo sepa) te contesto por el blog.

Acabo de leer lo que escribiste sobre el accidente, me alegro de que no fuera nada y de ver como sacaste lo positivo de la experiencia.

Mucha suerte y ánimo.

http://www.fotolog.com/fromoza
http://www.fromoza.tk

Anónimo 18/06/2007 - 15:32

Es que no paras Javi….te mereces unas vacas…
Me alegro de que no halla pasado nada…
Abrazos

Anónimo 23/06/2007 - 15:30

Hola Javi, la verdad es que realmente tienes que dar gracias por haber salido de ese percance, pero cuando cojas el coche, descansa. El descanso es una palabra que no tienes es tu diccionario, asi que ya sabes lo que tienes que hacer para la próxima.

Lemons…

Anónimo 23/06/2007 - 20:22

hola javier. la verdad es que las cosas no ocurren por casualidad. no me refiero a tu accidente y a que hayas salido ileso (gracias a Dios). me refiero a que me he enterado de todo esto y he leido tu IMPRESIONANTE carta en un momento en el que me viene muy bien saber que Dios no nos deja…