Del 23 al 25 de mayo se desarrolló en Roma el Congreso Internacional de Pastoral Juvenil, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. El congreso giró en torno al tema “Por una pastoral juvenil sinodal: nuevos estilos de liderazgo”. El último día del congreso, la mañana del sábado 25 de mayo, el Papa dio un discurso expresando 3 elementos que no deben faltar en la Pastoral Juvenil:
1º “Que se ayude a los jóvenes a tener en el corazón algunas certezas fundamentales, como “Dios es amor”, “Cristo te salva”, “Él vive”, “el Espíritu da vida”. Son certezas y hay también otra certeza, la Virgen te quiere porque es madre. Son cuatro, cinco verdades sencillas que nunca hay que cansarse de anunciar (cf. Christus vivit, 112-133)“.
2º “El discernimiento espiritual (cf. Christus vivit, 278-298). El discernimiento es un arte que han de aprender en primer lugar los agentes pastorales: los sacerdotes y los religiosos, los catequistas, los acompañantes, los propios jóvenes que caminan con otros jóvenes. Es un arte que no se improvisa, sino que tiene que ser profundizado, experimentado y vivido. Para un joven, encontrar una persona capaz de discernimiento es encontrar un tesoro. En el camino de fe y en el descubrimiento de la propia vocación, contar con un guía sabio ayuda a evitar muchos errores, muchas ingenuidades, muchos momentos de extravío y de “parálisis”. Un guía que no quita la libertad, sino que acompaña. Aquí quisiera subrayar sólo tres cualidades: es sinodal, es personal y está orientado a la verdad“.
3º “Es importante seguir escuchando a los jóvenes. Se trata de una escucha real, que no se quede “a medias”, o que sea sólo “de fachada”. Los jóvenes no pueden ser instrumentalizados para realizar ideas que ya han decidido otros o que no responden realmente a sus necesidades. No. A los jóvenes hay que confiarles responsabilidades, implicarlos en el diálogo, en la programación de las actividades y en las decisiones. Es necesario hacerles sentir que son parte activa y con pleno derecho en la vida de la Iglesia; y sobre todo que ellos mismos son los primeros anunciadores del Evangelio a sus coetáneos”.
